LOCURA PROFÉTICA: APOLO ‘EL OBLICUO’.
La música esta ahí para hacer comprender las mutaciones, (p.12) la música es profética y la organización social es su eco (p. 14)[…]La escucha de la materia sonora como anuncio de la sociedad […] pues el cambio se inscribe en el ruido más rápidamente de lo que tarda en transformar la sociedad. […] Los ruidos de una sociedad van por delante de sus imágenes y de sus conflictos materiales. Nuestra música nos habla del mañana. (p. 22)
Como organización del ruído la música siempre ha sido un atributo del poder político y religioso. […] Toda música, toda organización de sonidos es pues un instrumento para crear o consolidar una comunidad, una totalidad (p.; 14)[…]  Veremos que en eso la música era un atributo del poder político y religioso que significaba el orden, pero que también anunciaba la subversión. Luego, entrada en el intercambio comercial, ha participado en el crecimiento y la creación del capital y del espectáculo; fetichizada como mercancía, la música se ha convertido en ejemplo de la evolución de toda nuestra sociedad: desritualizar una forma social, reprimir una actividad del cuerpo, especializar su ejercicio, venderla como espectáculo, generalizar su consumo y luego organizar su almacenamiento hasta hacerle perder su sentido.” (p.13)
Instrumento de demarcación de su territorio entre los pájaros, el ruido se inscribe, desde sus orígenes, en la panoplia del poder. Equivalente del enunciado de un espacio, indica los límites de un territorio, los medios para hacerse escuchar y para sobrevivir y obtener su alimento. Y por lo mismo que el ruido es fuente de poder, el poder ha estado siempre fascinado con su escucha.(p. 16)[…]
Se pueden distinguir tres zonas, tres etapas, tres utilizaciones estratégicas de la música por parte del poder.
Una en donde todo sucede como si la música fuera utilizada y producida en el ritual para tratar de hacer olvidar la violencia general; después otra en donde la música es empleada para hacer creer en la armonía del mundo, en el orden, en el intercambio, en la legitimidad del poder comercial; y por último, otra que sirve para hacer callar, produciendo en serie una música ensordecedora y sincrética, censurando los restantes ruidos de los hombres.
Hacer Olvidar, Hacer Creer, Hacer Callar. La música es así, en los tres casos, un instrumento de poder: ritual, cuando se trata de hacer olvidar el miedo y la violencia; representativo, cuando se trata de hacer creer en el orden y la armonía; burocrático, cuando se trata de hacer callar a quienes la discuten. Así la música localiza y especifica el poder porque marca y organiza los raros ruidos que las culturas, normalizando los comportamientos, autorizan. Da cuenta de ellos. Los hace oír.
Cuando el poder quiere hacer olvidar, la música es sacrificio ritual, chivo expiatorio; cuando quiere hacer creer, ella es puesta en escena, representación; cuando hacer callar, es reproducida, normalizada, repetición. Anuncia así la subversión del código en vigor y del poder en devenir, mucho antes de que se establezca. Actualmente hay, en germen, más allá de la repetición, una liberación, una cuarta práctica de la música más que una música nueva. Anuncia nuevas relaciones sociales. Se vuelve composición. Representación contra el miedo, repetición contra la armonía, composición contra la normalidad. He aquí el juego de los conceptos a los que nos invita la música, anunciadora de organizaciones y de sus estrategias políticas de conjunto; ruidos que destruyen unos órdenes para estructurar otro nuevo; basamento muy revelador del análisis social y resurgimiento de una interrogación sobre el hombre. (p.34)
Jacques Attali, RUÍDOS (Ensayo sobre la economía política de la música).

LOCURA PROFÉTICA: APOLO ‘EL OBLICUO’.

La música esta ahí para hacer comprender las mutaciones, (p.12) la música es profética y la organización social es su eco (p. 14)[…]La escucha de la materia sonora como anuncio de la sociedad […] pues el cambio se inscribe en el ruido más rápidamente de lo que tarda en transformar la sociedad. […] Los ruidos de una sociedad van por delante de sus imágenes y de sus conflictos materiales. Nuestra música nos habla del mañana. (p. 22)

Como organización del ruído la música siempre ha sido un atributo del poder político y religioso. […] Toda música, toda organización de sonidos es pues un instrumento para crear o consolidar una comunidad, una totalidad (p.; 14)[…] Veremos que en eso la música era un atributo del poder político y religioso que significaba el orden, pero que también anunciaba la subversión. Luego, entrada en el intercambio comercial, ha participado en el crecimiento y la creación del capital y del espectáculo; fetichizada como mercancía, la música se ha convertido en ejemplo de la evolución de toda nuestra sociedad: desritualizar una forma social, reprimir una actividad del cuerpo, especializar su ejercicio, venderla como espectáculo, generalizar su consumo y luego organizar su almacenamiento hasta hacerle perder su sentido.” (p.13)

Instrumento de demarcación de su territorio entre los pájaros, el ruido se inscribe, desde sus orígenes, en la panoplia del poder. Equivalente del enunciado de un espacio, indica los límites de un territorio, los medios para hacerse escuchar y para sobrevivir y obtener su alimento. Y por lo mismo que el ruido es fuente de poder, el poder ha estado siempre fascinado con su escucha.(p. 16)[…]

Se pueden distinguir tres zonas, tres etapas, tres utilizaciones estratégicas de la música por parte del poder.

Una en donde todo sucede como si la música fuera utilizada y producida en el ritual para tratar de hacer olvidar la violencia general; después otra en donde la música es empleada para hacer creer en la armonía del mundo, en el orden, en el intercambio, en la legitimidad del poder comercial; y por último, otra que sirve para hacer callar, produciendo en serie una música ensordecedora y sincrética, censurando los restantes ruidos de los hombres.

Hacer Olvidar, Hacer Creer, Hacer Callar. La música es así, en los tres casos, un instrumento de poder: ritual, cuando se trata de hacer olvidar el miedo y la violencia; representativo, cuando se trata de hacer creer en el orden y la armonía; burocrático, cuando se trata de hacer callar a quienes la discuten. Así la música localiza y especifica el poder porque marca y organiza los raros ruidos que las culturas, normalizando los comportamientos, autorizan. Da cuenta de ellos. Los hace oír.

Cuando el poder quiere hacer olvidar, la música es sacrificio ritual, chivo expiatorio; cuando quiere hacer creer, ella es puesta en escena, representación; cuando hacer callar, es reproducida, normalizada, repetición. Anuncia así la subversión del código en vigor y del poder en devenir, mucho antes de que se establezca. Actualmente hay, en germen, más allá de la repetición, una liberación, una cuarta práctica de la música más que una música nueva. Anuncia nuevas relaciones sociales. Se vuelve composición. Representación contra el miedo, repetición contra la armonía, composición contra la normalidad. He aquí el juego de los conceptos a los que nos invita la música, anunciadora de organizaciones y de sus estrategias políticas de conjunto; ruidos que destruyen unos órdenes para estructurar otro nuevo; basamento muy revelador del análisis social y resurgimiento de una interrogación sobre el hombre. (p.34)

Jacques Attali, RUÍDOS (Ensayo sobre la economía política de la música).

il y a 1 an  #Jacques Attali #ruídos #noise #Apolo #música profética #poder #olvidar #creer #callar #escucha  3 notes
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